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Reviviscencia Mnemónica en el suicida

Todos nosotros, al volver al mundo extra físico en el momento de la desencarnación, pasaremos por la experiencia de recapitulación de las etapas vividas en la última reencarnación. Este fenómeno, conocido como recapitulación panorámica o Reviviscencia Mnemónica, es visto y experimentado por la persona desencarnada como una proyección cinematográfica tridimensional. la Reviviscencia mnemónica se produce en pocos minutos, aunque algunos pueden sentirlo, en la dimensión espiritual, como si fuera un periodo mucho más largo.


En el momento de la muerte biológica, la ausencia del metabolismo físico determina una reducción refleja del metabolismo en el cuerpo espiritual, en consecuencia, una retracción o contracción de las moléculas periespirituales. En esta fase, la conciencia reduce su manifestación y el periespíritu, también por reflexión, se ve obligado de nuevo a contraer sus moléculas. En palabras de André Luiz (Psicografía de F.C. Xavier), comienza la histólisis periespiritual, es decir, la descomposición de algunos componentes del tejido periespiritual que estaban adheridos a la estructura física.
Durante la contracción del periespíritu, resultante de la reducción de la energía cinética de las moléculas extra físicas, el periespíritu absorbe parte de las energías vitales del cuerpo biológico, que serán recicladas en el cuerpo espiritual para su adaptación al nuevo entorno -el mundo extra físico-, al igual que una crisálida que se transmuta en mariposa adaptándose a la nueva realidad dimensional.
Análogamente a un resorte comprimido, en reacción a la contracción periespiritual que se produjo, pronto se produce una expansión periespiritual (cuerpo espiritual). Las moléculas aumentan su vibración al integrar las energías vitales recién captadas del cuerpo físico. Ahora existe la histogénesis espiritual, es decir, la reconstrucción automática del periespíritu. La conciencia comienza a reaccionar, aumentando su expresión energética, expandiéndose. En este momento de expansión, recapitula rápidamente toda la experiencia vivida en la materia, es la Reviviscencia Mnemónica.
La sabiduría de la naturaleza, la Ley Universal, establece así que los tejidos extra físicos fijan las experiencias adquiridas y generan automáticamente la programación correctora. Tras esta rápida expansión, se produce una nueva contracción molecular que lleva al desencarnado a un sueño reparador. Despertará a la nueva realidad en la atmósfera espiritual.
La secuencia de los fenómenos mencionados se producirá en minutos, horas, meses o años, según el nivel ético y evolutivo de la entidad que desencarna.
En el caso específico de los espíritus suicidas, la conciencia reduce enormemente su expresividad como reflejo de la “negación de la existencia”, produciéndose una prolongada contracción periespiritual. Como en todos los Espíritus desencarnados, se procesa la histólisis periespiritual, es decir, la descomposición (parcial) de los tejidos que unían el cuerpo espiritual al biológico. Sin embargo, hay una gran lentitud en la absorción de las energías vitales que circulaban por el cuerpo material, que necesitan ser transmutadas o recicladas como nuevos elementos que integran el periespíritu, pero se mueven con dificultad a través del vínculo fluídico (cordón de plata). La llamada histogénesis espiritual ocurre lentamente…
El “quantum” de energía vital, que estaba adherido a la estructura biológica, existía en un volumen adecuado para un periodo más largo de la vida física. Esta energía no desaparece, permanece viva y vibrante, cumpliendo automáticamente su función de unir el cuerpo espiritual al cuerpo físico, en este caso, al cadáver.
Los mentores espirituales del equipo especializado en “autocidio” (suicidio) siguen activos, trabajando en beneficio de cada caso. Sin embargo, hay que señalar que las Leyes de la Naturaleza son inmutables porque son perfectas y obedecen a una programación automática.
El eslabón fluídico (cordón de plata), que lleva las energías de la descomposición, no puede desatarse prematuramente porque está intensamente unido, por el doble etérico, al cuerpo físico. La auto reconstrucción del periespíritu llevará mucho tiempo…
La asimilación periespiritual de la energía vital del cuerpo biológico, a través del “cordón de plata”, transita durante mucho tiempo en la dirección cuerpo material – cuerpo astral, provocando que los fenómenos de descomposición del cadáver sean sentidos por la persona desencarnada.
Incluso cuando los Espíritus de la Luz consiguen desatar los lazos fluídicos, la histogénesis periespiritual se detiene y el renacimiento mnemónico se fija intensamente en el momento de la muerte. Este revivir comienza a repetirse, siendo asistido y experimentado innumerables veces por el suicida.
Según el tipo de suicidio cometido, se produce el desarrollo de una patología periespiritual específica, relacionada con el proceso traumático al que fue sometido el cuerpo durante el acto suicida.
Naturalmente, hay factores atenuantes que reducen la gravedad de los síntomas, entre los que se encuentra la suma de actos constructivos y amorosos realizados durante la encarnación que ahora termina. En todo momento, equipos fraternos y técnicamente cualificados intentan reducir el sufrimiento del suicida, dándole luz y sugiriéndole un cambio de postura vibratoria. Tarde o temprano se recuperará y podrá refugiarse en los “Puestos de Socorro” a la Espiritualidad (planos espirituales).”

 

Dr. Ricardo Di Bernardi, Presidente do ICEF- Instituto de Cultura Espírita de Florianópolis – afiliado a FEC (Federación espírita catarinense) y fundador de la Asociación Médico espírita de Santa Catarina.

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